domingo, 28 de noviembre de 2010

Malaria y paludismo

Introducción
La malaria o paludismo es una enfermedad febril, con manifestaciones paroxísticas y periódicas, causada por protozoarios parásitos del filo Apicomplexa y género Plasmodium, prevalece principalmente en áreas tropicales; tiene como sus principales vectores a los dípteros hembra del género Anopheles spp.


     El parásito siempre tiene dos huéspedes en su ciclo vital: un mosquito que actúa como vector y un huésped vertebrado. Al menos diez especies infectan al hombre. Para humanos hay cuatro especies de Plasmodium que provocan la malaria o paludismo: P. falciparum, P. malariae, P. ovale y P. vivax, de las cuales la primera es la más virulenta y la que produce la mayor mortalidad. Otras especies infectan a otros animales, incluyendo aves, reptiles y roedores.
Historia
Se cree que los conocimientos de la malaria, datan de hace 3600 años, en el antiguo Egipto. Durante muchos siglos se mantuvieron prevalentes y vigentes las ideas arcaicas de Hipócrates sobre la malaria, y no fué sino hasta el siglo XVII, cuando se descubre la acción antimalárica de la corteza de un árbol del Perú, que localmente era llamado quina. Esto constituyó el primer remedio efectivo contra la malaria.
  •  En 1820 los químicos franceses Pelletier y Coventou, extrajeron el principio activo antimalárico, que denominaron quinina.
  • En 1880 el francés Alfonso Laveran descubre el parásito causante de la malaria; mientras que el inglés Ronald Ross, y los italianos Grassi y Bignami, descubrieron el ciclo sexual del desarrollo de los parásitos en el mosquito y su papel en la transmisión.
  • En 1947 Shortt y Garnham descubrieron el desarrollo exoeritrocitario del parásito.
  • En 1980 Krotowski y Garnham, reportaron el hallazgo de una fase estacionaria de desarrollo de los esporozoitos en el higado (hipnozoito)
Agente etiológico
  • Reino: Protista
  • Phillum: Apicomplexa.
  • Clase: Sporozoea (casi no se mueven).
  • Orden: Haemosporida
  • Familia: Plasmodiidae
  • Género: Plasmodium
  • Especies: P. malariae - P. vivax - P. ovale - P.falciparum*                          
  * Especies de importancia clínica, ya que el género consta de más de 175 especies conocidas.

Plasmodium falciparum
El agente causal de la malaria humana es un protozoario taxonómicamente ubicado como un apicomplexa, poseedor por lo tanto de un complejo apical observable al microscopio electrónico, que le sirve como órgano de penetración o invasión celular. Parásito de desarrollo intracelular en eritrocitos y hepatocitos en su huésped humano y probablemente extracelular en su desarrollo en el huésped invertebrado, un mosquito anofelino. Posee dos ciclos de desarrollo, uno sexual y otro asexual, desarrolla gametas separadas y diferenciadas como machos y hembras, los machos son móviles. Forman ooquistes sin esporoquistes. Sus formas invasoras son móviles. Todos los parásitos de la malaria pertenecen a la familia  Plasmodiidae, la cual tiene solo un género Plasmodium que alberga todas las especies y dos subgéneros, plasmodium y laverania. El hombre es infectado principalmente por cuatro especies: P. vivax, P, ovale, P. malariae y P. falciparum.

Ciclo biológico

Ciclo completo de Plasmodium spp.



Picadura de mosquito
El ciclo biológico de los plasmodios en el hombre se inician cuando un mosquito infectado del genero Anopheles, pica al individuo. Durante la picadura el insecto introduce su proboscis hasta ubicarla en la luz de los vasos, en donde inocula saliva antes de alimentarse de sangre. La saliva lleva los esporozoítos, que de esta forma son depositados en el torrente sanguíneo. Los esporozoítos circulan en la sangre hasta por 30 min mientras invaden los hepatocitos. Ya localizados en estas últimas células, si se si se trata por una especie que produce recaídas (P.vivax y P.ovale), algunos esporozoítos proseguirán su desarrollo sexual, primero volviéndose esféricos y después creciendo y multiplicándose por esquizogonia, para terminar destruyendo los hepatocitos que albergan y liberando miles de merozoitos, que son drenados a la circulación general; los esporozoítos restantes se vuelven esféricos y quedan estáticos, como células pequeñas de 2 a 3 µ de diámetro con un solo núcleo, en el citoplasma del hepatocito, convirtiéndose así en el hipnozoíto. Una tercera, que puede ocurrir cuando el número de esporozoítos inoculados es muy pequeño, es que todos los esporozoítos se conviertan en hipnozoítos  y tarden meses o años en reactivarse y proseguir su desarrollo. Las especies P.malariae y P.falciparium no forman pinosito, y por la tanto todos lo esporozoítos desarrollan esquinzontes hepáticos en forma directa. En las infecciones causadas por estas últimas especies no existen recaídas, lo que puede ocurrir son recrudescencias.

     Como puede observarse, no existen en el hígado desarrollo clínico de ninguna de las especies de plasmodios, la multiplicación cíclica es un proceso que el parásito realiza en eritrocitos. La invasión de los eritrocitos por los merozoítos parece ser el evento en el que se manifiesta la selectividad que los parásitos tienen por huésped dado. Para que la invasión ocurra, debe existir reconocimiento entre los componentes superficiales de la membrana del parásito y el eritrocito huésped, que conduce al acoplamiento molecular de las superficies de ambas células. Este acoplamiento se produce cuando los merozoítos se ponen en contacto con las terminales glucosídicas de las glicoforinas A, B y C de los eritrocitos. Acto seguido, los merozoítos colocan su porción apical contra la superficie de los eritrocitos, y secretan proteínas, contenidas en las roptrías y micronemas (proteínas ricas en histidina) que al contacto con la membrana la invaginan, envolviendo esa al parasito y llevando hacia su interior. El fenómeno ocurre a manera de una endocitosis, pero inducida por el parásito. Al final el parcito se ha interiorizado en el eritrocito dentro de un saco formada por la membrana del mismo eritrocito, y rodeado por un espacio (la vacuola parasitófora) que lo separa de dicha membrana. Hasta hace poco se pensó que la membrana del eritrocito se sellaba en el punto de interiorizar del parásito con la vacuola parasitófora, sin embargo, los estudios de Pouvelle et al. de 1990, son indicadores de que los parásitos no quedaban aisladas del medio externo (el plasma) sino que la vacuola parasitófora posee unos canales que la conectan con el plasma circulante, dando la imagen de un microorganismo de ubicación realmente extracelular.
Ciclo de plasmodios humanos

Diagrama de ciclo vital de un apicomplejo: -cigoto, 2-merozoíto, 3-esporozoítos, 4-gametocitos.


Trfozoíto dentro de un hematíe.
Una vez “dentro” del eritrocito, el parásito pierde todos los organelos de su complejo apical e inicia su fase trófica. Se alimenta por su citostoma del contenido citoplásmico de eritrocito, que mas de un 30% es hemoglobina, de cuya molécula utiliza la globulina como fuente de aminoácidos, dejándola porfirina como una molécula modificada e insoluble, que se denomina emociona y que constituye el pigmento malárico. En la primera etapa de esa fase trófica, el trofozoíto almacena una gran parte de nutrientes en una vacuola que ocupa casi la totalidad de su citoplasma, dejando ver solo un ribete de este y el núcleo, lo cual le da la apariencia de una anillo con un rubí, cuando se observa al microscopio de luz en preparaciones teñidas con Giemsa u otros colorantes derivados del Romanowski. Por estas características, a esta primera fase de desarrollo se le llama forma anular, El parásito crece, pierde su carácter vacular, el citoplasma se vuelve más abundante y en algunas especies muestra una gran movilidad. Aparece granulaciones rojizas en el citoplasma de los eritrocitos huéspedes (teñidos y vistos al microscópio de luz), que al reciben el nombre de granulas de Shüffner en P.vivax y P. ovale, de Maurer en P.malarlae y Ziemann en p. falciparum. Al microscopio electrónico se observa que tales gránulos, ni son citoplásmicos ni son gránulos, si no que de la membrana interna del eritrocito que contiene componentes proteicos del parásito. A esta fase de desarrollo se le denomina trofozoíto, o trofozoíto ameboide.
     Durante este periodo de crecimiento, el parásito sintetiza todos los componentes que requiere para su multiplicación, que constituye la siguiente fase de desarrollo. El parásito se multiplica por mitosis pero una mitosis en la que no ocurre condensación de la cromatina en cromosomas, ni hay división citoplasmática ni separación de las células hijas, después de cada mitosis. A este proceso de multiplicación asexual, en el cual la célula madre se convierte primero en una célula multinucleada, y al final en un saco que contiene decenas (en eritrocitos) o millares (en hepatocitos) de células hijas, se le denomina esquizogonia. Cuando la esquizogonia llega a su fase terminal, el parásito ocupa todo o casi todo el eritrocito, el citoplasma de este es muy escaso o inestable, y su membrana presenta profundas alteraciones en sus componentes y su forma, por otro lado, en esta etapa final la membrana de la célula madre se lisa y da salida a los merozoítos que contiene, los cuales a su vez lisan al eritrocito huésped y quedan así libres en el plasma, armados con su complejo apical para invadir otros eritrocitos, y de esta forma repetir el proceso clínicamente a intervalos de 48 h en P.vivax, P. falciparum y P.ovale y 72 h en P.malarie .la reproducción sexual del parásito aunque se lleva a cabo en el mosquito, tiene sus orígenes en la sangre de los huéspedes vertebrados. En relación a esta fase de desarrollo del parásito, es común que exista controversia en cuanto a designarle a su huésped definitivo, que para algunos es el mosquito, y para otros es el hombre.

     Parece ser que el momento en que se define la ruta de la diferenciación de un parásito eritrocítico, es el inmediato a la invasión del merozoíto, es decir, que coincide con el inicio de su fase trófica. Se desconoce cuáles son las señales o eventos que desencadenan el proceso de diferenciación de un merozoíto-trofozoíto hacia esquizonte o gametocito (célula sexuada inmadura); sin embargo, en algunos casos experimentales ha  sido posible conducir la difenciación de los parásitos hacia gametosis, exponiendo parásitos recién ingresados al eritrocito, a la acción de CAMP (adenosina monofosfato cíclico) in vitro. Se ha observado que otras condiciones propician la gametogénesis, tales como el tratamiento con sulfas de animales infectados, o en infecciones humanas inmediatamente después del tratamiento supresivo con cloroquina, o la tendencia de P.falciparum a producir gametosis, a veces incluso como únicas formas observables, en paciente con infecciones crónicas, probablemente como efecto de la circulación de anticuerpos específicos contra los parásitos.

Esquizonte
Gametocito
    
    Los elementos que conducen su desarrollo hacia formas sexudas, crecen como células más compactas y de mayor abundancia de pigmento. Los megametocitos, o células machos, tiene un metabolismo muy intenso sintetizando todos los elementos que van a requerir para la maduración ulterior de sus gametos. Durante este proceso la cantidad de ribosomas va disminuyendo, hasta casi desaparecer de su citoplasma cuando alcanza su máximo desarrollo. Estos cambios citoplasmáticos se traducen en cambios de afinidad a los colorantes, que tornan acidófilo en citoplasma de estas células y constituye un factor de diferenciación sexual entre machos y hembras, ya que estas últimas permanecen altamente basófilas por su abundante contenido de ribosomas RNA, todo ello cuando son observadas microscopio de luz. Tanto los macrogametocitos (hembras) como los microgametositos, crecen alcanzan su desarrollo máximo en sangre sin dividir su cromatina aun cuando el macho sintetiza DNA hasta que a cantidad de cromatina de su núcleo alcanza ocho veces la cantidad inicial (núcleo actaploide). El máximo grado de desarrollo de los gametos en sangre se alcanza en un tiempo mayor al requerido por las formas asexuales. En el caso de P. vivax, los gemelos son infectantes para mosquito apropiadamente 54 h después de la invasión del eritrocito, es decir, que requieren de 6 h más que los parásitos asexuales para alcanzar su madures en sangre. P. falciparum requiere hasta 11 días después de la invasión para ser infectante. Una vez que alcanza ese estado de madurez en la sangre, la sobrevivencia de los gametocitos es incierta y se cree que sólo sobreviven en la circulación por algunos pocos días y en algunos casos hasta un par de semanas.
     El desarrollo ulterior de los gametos solo ocurre en el estomago de un mosquito anofelino. Cuando este mosquito se alimenta de la sangre de un palúdico, las secreciones de su estomago destruyen todos los elementos formes de la sangre y los parásitos asexuales que contenga; sin embargo, los gametocitos son estimulados a continuar su desarrollo. Primeramente destruyen el eritrocito que los contiene, antes incluso de que los jugos gástricos afecten al resto de las células sanguíneas. Los microgametocitos libres dividen su cromatina en ocho fragmentos condensados que migran hacia la periferia, y en la vecindad de cada núcleo se organiza un quinietosoma en donde se forman los microtúbulos que estructuran un flagelo, el cual se proyecta sobre la membrana y la arrastra hacia el exterior. Durante este proceso, que se llama extraflagelación, el flagelo se recubre con l membrana de la célula madre, y el núcleo junto con una mitocondria migra por el espacio entre flagelo, y la membrana. Al final de este proceso, durante el cual, el flageles formación permanece con movimientos ondulatorios muy activos, los elementos extraflagelados se desprenden del cuerpo de la célula madre, constituyéndose en microgametos o células sexuadas machos, maduras. La maduración de las células hembras es menos dramática; acumula materiales de reserva, crece y migra su núcleo hacia la periferia, sin multiplicarlo y recibe el nombre de microgameto.
     En la luz del estomago del mosquito se lleva a cabo la culminación de la fase sexuada, cuando el microgameto con sus movimientos propios alcanza y penetra al microgameto produciendo la fecundación. En este proceso, sin embargo, no ingresa la totalidad del microgameto, ya que la membrana de este se funde al entrar en contacto con la membrana del microgameto, de tal modo, que solo ingresa el contenido citoplasmático de aquel, mientras que su membrana queda como un parche en la membrana del huevo. El cigoto recién formado se transforma en una célula invasora y adquiere movilidad, originando un ooquineto, que se dirige hacia la pared del estomago, penetra las células secretoras y musculares y se ubica por  debajo de la capa a celular que recubre el estomago. En esta localización el ooquineto pierde sus organelos de penetración y movilidad, se vuelve redondo e inicia su crecimiento, multiplicación y diferenciación, en esta nueva fase que se denomina ooquiste. Durante este proceso junto con la segmentación nuclear, el citoplasma formado grandes islotes con los sedimentos nucleares en sus bordes, los esporozoíto conforme se diferencian van proyectándose como cuerpos cilíndricos hacia el exterior de los citómeros. Al final  el ooquiste ha alcanzado un tamañote entre 50 a 200 µm, protruyendo sobre la cara interna del estomago, completamente lleno de esporozoítos, probablemente más  de 10,000 por ooquiste. Los esporozoitos como se encuentran en el ooquiste no son infectantes, para lo que sea deben “madurar” en las glándulas salivales, lo cual ocurre cuando el ooquiste se rompe y libera los esporozoítos hacia la hemolinfa, en la cavidad celómica del insecto, cuya corriente  los transporta a las glándulas salivales, y otras partes del mosquito. Los esporozoítos son cuerpos alargados de más de 10µm de largo, que poseen todos los elementos del complejo apical y por lo tanto son elementos con capacidad invasora. Cuando un mosquito se infecta, bajo condiciones de temperatura de los trópicos, se requiere de entre 8 a 12 días para volverse  infectante, es decir, para que el parásito llegue hasta la fase de esporozoíto localizado en glándulas salivales. Llegado este momento, el mosquito inocula  a los esporozoítos cada vez que se alimenta de sangre, transmitiendo la infección a otro u otros individuos. Los esporozoítos circulan en la sangre y se localizan en el hígado del nuevo huésped para repetir de nuevo el ciclo de vida. Por observaciones realizadas por algunos autores se sabe que la malaria puede ser experimentalmente transmitida por vía oral, lo cual abre la posibilidad de que existan mecanismos que permitan la transmisión oral en el hombre.
Epidemiología          
La malaria es una enfermedad prevalente en zonas tropicales y subtropicales. Los límites naturales de la enfermedad están dados por las isotermas de verano de 16ºC, porque a temperaturas inferiores el ciclo esporogónico del parásito no se lleva a cabo; sin embargo, los límites actuales  son más restringidos por las acciones de control que se han llevado a cabo en  las últimas décadas. La malaria sigue siendo la más importante de las enfermedades tropicales y la más difundida. Actualmente se estima que hay un surgimiento de malaria en el mundo. Ocurren 300 a 500 millones de casos nuevos en el mundo, por año, y 2100 millones de individuos están en riesgo de adquirirla. La mortalidad anual oscila entre 1.5 y 2.7 millones, en los 103 países afectados. Se calcula que en promedio ocurren 700 casos por cada mil habitantes en África, y 4 a 5 casos por cada mil en Sudamérica y Asia. En México, durante los últimos años la incidencia anual ha sido entre 10 000 y 20 000 casos, sin muertes. Las zonas malarígenas en América se encuentran limitadas por México en el norte y Argentina en el sur. Chile es el único país libre de malaria en forma natural. En México, la zona malárica ubicada en las regiones tropicales y subtropicales comprende el 58% del territorio nacional.
     De las cuatro especies de plasmodios que infectan al hombre, sólo tres se encuentran en América. Plasmodium vivax como la especie predominante, seguida de Plasmodium falciparum que adquiere mayor importancia en  poblaciones con predominio de la raza negra y P. malariae que es muy poco frecuente y de distribución limitada e incierta. Esta última especie se asocia, en otras partes del mundo a las regiones de distribución de P. falciparum. En América la asociación no es muy clara y en algunas regiones del Amazonas peruano ocurre por el contrario, en asociación con P. vivax. En África existe un claro dominio de P. falciparum sobre las demás especies y en la región occidental de la región tropical de este continente, se encuentra la mayor área de distribución de P. ovale. En Asia existe predominio de P. vivax, en general, aunque hay zonas con predominio de P. falciparum. En México más de 95% de los casos de malaria son causados por P. vivax, la malaria falciparum solo se observa en 1 a 3% y en los casos por  P. malariae habitualmente no llega al 1%, los años en que se observa P. vivax produce casos en todo el país, pero P.falciparum suele estar confinado al sureste, en los Estados de Chiapas, Campeche, Quintana Roo y Oaxaca. En general, la malaria en México suele ser de baja endemia (hipoendemia), con presentación de brotes epidémicos estacionales. Para fines prácticos se considera que la única fuente de parásitos para el hombre es el hombre, aun cuando los parásitos de algunos monos americanos, asiáticos y africanos pueden infectarlo.

Anopheles

     Existen 400 especies de anofelinos en el mundo, pero ellas solo 60 especies son transmisoras importantes de malaria, bajo condiciones naturales. En México se conocen 26 especies de Anopheles, algunas de las cuales tienen importancia local y/o estacional; sin embargo, solo cuatro especies han sido consideradas como transmisoras importantes;  A. albimanus mosquito neotropical que se distribuye tanto en las costas del Golfo como del Pacifico, hasta una altura de 300 a 500 m  SNM, se continúa a lo largo de Centroamérica y el Caribe, y en Sudamérica solo baja por las costas atlánticas hasta las Guayanas; A pseudopunctipennis baja por las costas occidentales de los Estados Unidos y se dispersa en México por ambas costas, hasta una altitud de 200m SNM, esta especie también baja por Centroamérica. Pero en Sudamérica sólo se continúa por la costa del atlántico desde la altura de los grandes lagos canadienses, hasta el sur de Tamaulipas en México; aztecus es una especie restringida al altiplano mexicano que se localiza en altitudes cercanas o superiores a los 200m SNM. De esta especie A.albimanus es menos susceptible a infectarse con plasmodios, y es de hábitos mayormente zoófilos, por lo que puede considerarse un mal transmisor, a pesar de su amplia distribución y las altas densidades que alcanza. Por su distribución, antropofilia y susceptibilidad a la infección A pseudopunctipennis puede considerarse como el transmisor más importante de malaria en México. En los mosquitos en general solo las hembras son hematófagas y la sangre de la que se alimentan, la usan para producir sus huevos. Si se alimentan en cantidades suficientes solo requieren una ingesta cada 48 a 72 h, porque es el tiempo que dura su ciclo gonotrófico, por lo tanto, bajo estas condiciones es una hembra solo pica una vez cada tres o cuatro días; sin embargo en condiciones naturales es muy probable que pique varias veces para completar su alimento. Los anofelinos se activan por la noche, y empiezan a picar con el crepúsculo, hasta la madrugada. Cada especie, en cada región y época del año, tiene su propia actividad horaria. La transmisión puede ocurrir dentro o fuera de las casa, aunque se presupone que esta se realiza mayormente en el interior. Con sus variables, los mosquitos tienen un rango de vuelo de aproximadamente 1 Km., y una longevidad de 30-45 días a temperatura de los trópicos. Los criaderos de los anofelinos son mayormente de agua dulce aunque algunas especies pueden usar aguas salobres. Las lluvias forman muchos criaderos temporales y amplifican los permanentes, de ahí la relación entre lluvias, densidad de anofelinos y transmisión de malaria. Cada especie selecciona algún tipo particular de criadero, por su tamaño, profundidad, exposición a los rayos del sol, pH, temperatura y vegetación acuática asociada. En general, los anofelinos prefieren criaderos de aguas cristalinas, con algún tipo de alga.

Distribucion de Anopheles spp. en el mundo.
Anopheles
Anopheles es un díptero del  la familia Culicidae que habita en prácticamente todo el mundo incluyendo Europa, África, Asia, América y Oceanía, con especial intensidad en las zonas templadas, tropicales y subtropicales. Hay aproximadamente 400 especies de Anopheles, de las cuales 30 a 40 transmiten cuatro especies diferentes de parásitos del género Plasmodium, causantes de la malaria humana (ya que existen muchas otras especies de Plasmodium que causan malaria en otros vertebrados. La especie Anopheles gambiae es una de las mejor conocidas, porque trasmite el más peligroso, el Plasmodium falciparum.
Ciclo vital
Como todos los mosquitos, los Anopheles atraviesan cuatro fases: huevo, larva, pupa y adulto. Las primeras 3 etapas transcurren en medio acuático y se prolongan entre 5 y 14 días, según la especie y los factores ambientales como la temperatura. Es en la etapa adulta, y sólo en el caso de las hembras, en la que el mosquito actúa de vector de la malaria. Las hembras adultas pueden vivir hasta un mes (algo más en cautividad), siendo lo natural no pasar de las 2 semanas de vida.
Huevos
Las hembras adultas depositan entre 50 y 200 huevos. Los huevos se depositan uno a uno y fuera del agua. Se caracterizan por poseer una especie de flotadores a ambos lados. Los huevos no resisten la sequedad. A los 2-3 días eclosionan y de cada uno sale una larva. La eclosión puede tardar más tiempo (hasta 2-3 semanas) si la temperatura es baja.
Larvas
Las larvas de mosquito poseen una cabeza desarrollada y prominente de la que nacen una especie de bigotes que utilizan para alimentarse; y, el tórax y el abdomen (sin patas). A diferencia de muchos otros mosquitos, las larvas de Anopheles no disponen de un sifón respiratorio, y es por ello por lo que necesitan tener el cuerpo paralelo a la superficie del agua. Las larvas respiran a través de espiráculos situados en el octavo segmento abdominal. Dado que necesitan respirar con asiduidad, periódicamente ascienden a la superficie. Debido a esta falta de sifón respiratorio basta con agregar al agua una película fina de aceite no miscible para exterminar una población larvar del insecto en esa fase de su vida. Las larvas se alimentan de algas, bacterias y otros microorganismos de la superficie. Sólo ocasionalmente descienden al fondo. Para bucear se emplean de movimientos bruscos o espasmódicos, o bien utilizan sus bigotes bucales como propulsores.
Pupas
La pupa presenta un aspecto de "coma", vista de lado. La cabeza y el tórax se funden en un cefalotórax y el abdomen se curva bajo éste. Periódicamente ascienden a la superficie para respirar, gracias a los órganos que disponen en el cefalotórax. Tras unos días de metamorfosis, la parte dorsal del cefalotórax se quiebra y por él surge el mosquito adulto.
 Adultos
El lapso de tiempo que transcurre entre la deposición del huevo hasta la aparición de un mosquito adulto, suele variar según la especie y se ve influenciado en gran medida por la temperatura ambiental. En condiciones naturales el proceso tarda 10-14 días, pero puede acelerarse y durar sólo 5 días.
Como todos los mosquitos, los adultos tienen el cuerpo dividido en cabeza, tórax y abdomen.
Diagrama de Anopheles hembra adulto
  • La cabeza se ha especializado obviamente para la alimentación, y también para la captación de señales. En la cabeza destaca un par de antenas largas y muy segmentadas. Gracias a las antenas, el mosquito puede detectar el olor de las zonas de cría o el olor de un lugar en el que depositar los huevos. Además de las antenas, se distinguen los ojos, la probóscide larga y sobresaliente utilizada para alimentarse, y dos palpos sensoriales tan largos como la probóscide. Los ojos del insecto pueden además "ver" en la región del infrarrojo cercano detectando por el calor a las víctimas más que por la vista misma.
  • El tórax está especializado para moverse, ya que a él se anexan los tres pares de patas y el par de alas.
  • El abdomen contiene los órganos especializados para la digestión y para el desarrollo de los huevos en el caso de las hembras. Tras alimentarse, el abdomen del mosquito aumenta considerablemente de tamaño.
     Los Anopheles se pueden distinguir de otros géneros a través de sus palpos, o por la presencia de escamas sobre las alas. Aunque sin duda, la mejor forma de distinguirlo fácilmente es observando su postura en reposo, ya que disponen su abdomen de forma empinada, en contraposición con el abdomen paralelo a la superficie de reposo que se observa en otros géneros.
     Los mosquitos adultos suelen aparearse a los pocos días de eclosionar de la pupa. En la mayoría de especies, los machos se unen formando enjambres, generalmente hacia el atardecer, y las hembras vuelan hasta éstos para copular con uno o más machos.
     Los machos no suelen vivir más de una semana, durante la cual se alimentan de néctar y de otras fuentes de azúcar. Las hembras, además del azúcar necesitan una fuente de proteínas para desarrollar los huevos: la sangre. Tras una ingesta de sangre, la hembra reposa unos días realizando la digestión mientras los huevos se desarrollan con los nutrientes extraídos. En 2-3 días, los huevos ya están lo suficientemente desarrollados como para poder ser depositados. Tras el desove, el ciclo vuelve a repetirse hasta la muerte de la hembra, que acontece a los 7-14 días (o más, en cautividad).

Fisiopatogenia
El primer contacto del parásito con el huésped ocurre cuando el mosquito infectado deposita los esporozoítos en el torrente sanguíneo durante la picadura. Este primer contacto no produce ningún efecto patológico detectable, aun cuando es muy probable que parte de los esporozoítos que ingresan sean sacados de la circulación por histiocitos del endotelio vascular y células fagocíticas de la sangre. Después de circular brevemente en sangre, los esporozoítos inician su vida intracelular al invadir, crecer y multiplicarse en hepatocitos. En esta segunda fase, la reacción del huésped se hace patente en forma de reacción inflamatoria, cuando el hepatocito es destruido y los merozoítos hepáticos liberados; sin embargo, el número de hepatocitos dañados es tan pequeño que no se detectan alteraciones hepáticas, anatómicas ni funcionales, ni tampoco se producen señales clínicas. Toda la patología asociada a la malaria es producto sólo y únicamente de la fase de desarrollo eritrocítica. Se pensó durante mucho tiempo que la anemia en malaria era consecuencia de la destrucción de los eritrocitos por los parásitos. Aunque esto es muy cierto en algunos casos complicados de infecciones causadas por cualquiera de las especies, comúnmente el numero de eritrocitos infectados no explica el grado de anemia.
     En P. vivax la parasitemia es generalmente menor al 1%, en P. falciparum menor al 5% y en P. malariae alrededor del 0.1%. Experimentalmente se ha demostrado que durante una infección no complicada, no se encuentra comprometida la captación, transporte ni liberación de oxigeno por los eritrocitos y, sin embargo, hay anoxia celular.
     El estado anóxico de los tejidos parece ser el resultado de varios factores: la estasis  sanguíneo, que provoca la vasodilatación y la alteración de la permeabilidad vascular (con la salida de albúmina y agua de los espacios intercelulares) y que eventualmente puede terminar en necrosis tisular, principalmente en vasos normalmente impermeables como los del cerebro, así como el efecto directo que tiene alguna sustancia tóxica del parásito sobre las mitocondrias de las células. La gran similitud entre el choque endotóxico producido por bacteremias de gramnegativos y los cuadros complicados de malaria por P. falciparum, condujeron a pensar en la existencia de un efector común. Se sabe que la fracción lipopolisacárida (LPS) de la pared de los gramnegativos, es el elemento desencadenante del choque endotóxico, por su poder de activación de macrófagos para la producción de las monocinas interleucina 1 y factor necrosante de tumores (TNF), siendo este el último modulador o estimulador mayor de todas las alteraciones fisiológicas que se presentan durante el choque de gramnegativos. Ahora se sabe que TNF está presente también en malaria, principalmente durante los estados agudos de la infección. Es más, se reconoce que la sola aplicación de TNF es capaz de producir los cambios fisiológicos más importantes observados en malaria, como son: aumento generalizado de la permeabilidad vascular, hipoglicemia por hiperinsulinemia, alteraciones en el control de la temperatura corporal, eritrofagocitosis, marginación de  leucocitos a los endotelios vasculares, alteraciones vagales con vasoconstricción en algunas regiones u órganos y vasodilatación en otras, isquemia de la corteza de las suprarrenales, insuficiencia circulatoria periférica y choques. A la luz de estas observaciones podría asociarse la liberación de TNF con el paroxismo malárico, y como el paroxismo a su vez se asocia con la terminación del ciclo  de reproducción de los parásitos en los eritrocitos, es en el momento en que se rompen los eritrocitos, y liberan los merozoítos y los metabolitos remanentes del parásito, cuando se libera la o las sustancias que activan la producción de TNF por los macrófagos. Se sabe ahora que el componente del parásito que actúa como LPS, glucosilfosfatidilinositol. Recientes hallazgos han demostrado que P. falciparum produce prostaglandinas parecen ser distintas a las producidas por los mamíferos y jugarían un papel muy importante en la fisiopatogenia de la malaria.
Cuadro clínico

Todas las manifestaciones clínicas de la malaria están asociadas a la fase eritrocítica de desarrollo de los parásitos. Es frecuente que los pacientes refieran algunos pródromos días antes de la infección se haga patente en sangre, o bien unas horas antes de que se inicie el paroxismo en una infección ya establecida. Cefalea de poca intensidad, febrícula, lumbago, y malestar general, o adolorimiento del cuerpo, suelen ser los pródromos referidos. El cuadro se instala abruptamente con la aparición de calosfrío intenso, que se acompañan de tiriteo y piloerección, así como castañeo de dientes. La cefalea se vuelve intensa y se acompaña de mialgias y artralgias, náuseas y algunas veces vómito y diarrea. El paciente tiene la sensación de intenso frio, pero su temperatura está en ascenso desde el inicio. Esta parte tiene una duración de 15 a 30 min. La sensación de frio se va diluyendo y el paciente va entrando en calor y pronto entra en estado febril consiente (ya existía fiebre durante el calosfrío) alcanzando temperaturas entre 38.5 y 41°C. En niños principalmente, son comunes los estados de delirio por la fiebre. Este estado dura de 8 a 10 hrs y desaparece por lisis, mientras el paciente suda copiosamente el paroxismo llega a su fin, el paciente termina empapado y exhausto. La sintomatología cede y el paciente puede reiniciar algunas de sus actividades después de varias horas de reposo. La intensidad de los paroxismos depende de la susceptibilidad individual y racial. Individuos de raza negra son por lo general poco susceptibles a infectar con P. vivax y cuando adquieren la infección, ésta es benigna y tiende a autolimitarse en corto tiempo, por el contrario, son muy susceptibles a infectarse con todas las demás especies de plasmodios. El tiempo que transcurrirá entre el primer paroxismo y los subsiguientes, dependerá de la especie de parásito causante de la infección. En infecciones por P. vivax, P. ovale, y P. falciparum, ocurre con una periodicidad de 48 hrs, pudiendo ser de 36 hrs para P. falciparum y en P. malariae con periodicidad de 72 hrs. Sin embargo, al iniciarse la infección suele no haber ninguna sincronicidad, y ésta establecerse hasta después 48 ó 96 hrs. Si la infección sigue su curso natural, después de 3 a 5 semanas todos los síntomas desaparecen en infecciones por P. vivax y P. ovale entrando en una fase de infección latente, con la concomitante  desaparición de los parásitos de la circulación. El periodo latente es variable dependiendo de la cepa y región geográfica donde ocurra, en México este periodo suele ser de uno a seis meses. Después de una secuencia de periodos latentes con recaídas cada vez más benignas y de menor duración, la infección llega a su fin en 3 años o más. Si en estas infecciones se administran sólo tratamiento supresivo, se produce un periodo latente artificial y la infección reaparecerá tiempo después. Existe una serie grande de variaciones sobre el cuadro descrito. Desde los pacientes que no presentan calosfrío o fiebre, los que enmascaran la malaria con cuadros infecciosos de vías respiratorias o gastrointestinales, los que caen rápidamente en choque, aun antes de que se instaure el cuadro febril (en malaria cerebral por P. falciparum), hasta los cuadros asintomático cuyos diagnóstico son los hallazgos microscópicos, inesperados entre nosotros, pero muy comunes en África.
     A la exploración, tegumentos y mucosas suelen verse pálidas, y en ocasiones se puede observar un ligero tinte ictérico en las conjuntivas. El hígado y el bazo son palpables en infecciones por P. vivax después de la primera semana, y dos semanas después en. Los bazos más crecidos suelen presentarse en infecciones por P. vivax, en ocasiones llegan a ocupar la fosa ilíaca izquierda. Aunque poco común el estallamiento espontáneo o por traumatismo del bazo es una complicación de infecciones por P. vivax. Los bazos blandos corresponden a infecciones recientes y los bazos duros a infecciones crónicas.
     Existe leucocitosis por polimorfonucleares sólo durante la fase más temprana de la infección, posteriormente número y composición de las células sanguíneas es normal. Las plaquetas suelen estar disminuidas, el hematocito está moderadamente bajo en casos no complicados, en casos con parasitemias extremas (más común en infecciones por P. falciparum) el hematocrito puede descender bruscamente hasta 6 ó menos. Durante la fase aguda se puede detectar trigliceridemia e hipoglicemia. En infecciones graves por P. falciparum puede haber pruebas de funcionamiento hepático alteradas. Hay disminución de fracción C3 del complemento.
     Los cuadros más severos se presentan en niños y mujeres embarazadas, principalmente primigestas, estas últimas son excepcionalmente susceptibles a la infección, y aunque son poco frecuentes las infecciones intrauterinas, los productos de estas mujeres mueren en mayor número por otras causas en los primeros años de vida.
     Existe un cuadro, antes llamado síndrome de esplenomegalia tropical, ahora llamado síndrome de esplenomegalia malárica hiperreactiva, que se asocia a infecciones que provocan respuesta inmune anómala. El cuadro se caracteriza por la proliferación de linfocitos en los espacios sinusoidales hepáticos, con hipertrofia de las células de Küpffer, inmunoglobulinemia con macroglobulinemia (IgM), sin parásitos circulantes, pero con anticuerpos antimaláricos en plasma. Los signos y síntomas son benignos y bien tolerados, anemia ligera, peto y esplenomegalia de 10 ó más cm, indolora. El paciente se queja de dolores vagos en hemiabdomen superior y del efecto estético de su esplenomegalia, hinchazón de extremidades inferiores, fatiga, y linfadenopatías. La sobrevivencia de estos pacientes  sin tratamiento, no va más allá de 7 años. No se ha descrito este síndrome en México, pero es muy común en África y Asia. Recientemente, se ha encontrado que el linfoma esplénico de células vellosas, también conocido como inmunocitoma, presenta un cuadro clínico indistinguible de la esplenomegalia malárica hiperreactiva, tienen la misma distribución geográfica, desarrolla ac. Antimaláricos y macroglobulinemia (IgM).
Dx
Cuando los datos clínicos son sugestivos de malaria, se puede echar mano de varias alternativas para demostrar la presencia de los parásitos en sujetos infectados. La más tradicional y para muchos aún la mejor, es el frote y la gota gruesa de sangre. Para mayor comodidad es común hacer ambas muestras en un solo frote. La prueba consiste en colocar en un portaobjetos una gota de sangre tomada de la cara interna del pulpejo del dedo índice, picando con una lanceta estéril previa asepsia con alcohol, y con otro extenderla para producir una película delgada; para la gota gruesa, se colocan dos gotas de sangre en el espacio que para el propósito se deja en el mismo extremo de la lámina, y con la esquina de otro portaobjetos se extiende para formar un pequeño cuadrado de unos pocos segundos con alcohol metílico y la gota gruesa no se fija. Se tiñen ambas muestras con colorante de Giemsa por 30 min. Se observa a inmersión. Las características diagnósticas de los parásitos de las distintas especies observadas en los frotes es como sigue:
Ø  P. vivax. Eritrocitos infectados aumentados de tamaño, pálidos y con gránulos de Shüffner, raramente presenta infecciones múltiples se observan todas las formas hemáticas formas anulares grandes y gruesas, raramente con dos masa de cromatina, trofozoítos muy móviles, esquizontes segmentados con 12 a 24 merozoítos y gametocitos redondos.
Ø  P. falciparum. Eritrocito infectado conserva su tamaño y color, formas anulares muy delicadas con una o dos masa de cromatina, uno o más parásitos por eritrocito, no se observan esquizontes, los gametocitos tienen forma de media luna o salchicha.
Ø   P. malariae. Eritrocitos infectados conservan su color, su tamaño es normal o puede verse encogido, formas anulares grandes y gruesas con una sola masa nuclear, trofozoítos en banda, muestra todas las formas de desarrollo hemático, esquizontes segmentados con 6 a 12 merozoítos en roseta, gametocitos redondos.
     Usando microscopía se puede emplear la prueba del tubo capilar (QBC malaria test) que detecta núcleos de parásitos en muestras de sangre teñidas con colorante fluorescente dentro del tubo. Una prueba muy novedosa, en plena introducción, es el ParaSight-F que detecta la proteína rica en histidina 2 de P. falciparum, en la sangre circulante de los individuos infectados, por medio de un anticuerpo monoclonal, en un sistema de detección rápida en tira de plástico. Existen kits para detectar también P. vivax (paraSight-V).
     Otra opción diagnóstica corresponde a la demostración de anticuerpos antimaláricos en los sujetos sospechosos, o para estudios epidemiológicos. Para ello se cuenta con varias pruebas serológicas de entre las cuales la inmunofluorescencia y el inmunoensayo enzimático (ELISA) son las más usadas. La primera utiliza como antígeno al parásito mismo contenido en un frote sanguíneo, el cual fija los anticuerpos específicos que contenga el suero problema cuando se les pone en contacto. La presencia de anticuerpos fijados a los parásitos, se revela con n segundo anticuerpo antigamaglobulina (en la prueba indirecta, la de mayor uso) que ha sido marcado con isotiocianato de fluoresceína. La presencia de este señalador se detecta por microscopía de campo oscuro con rayos ultravioleta como fuente de iluminación. Existen varias modalidades de la prueba de ELISA; sin embargo, el principio en todas es el mismo. Pueden utilizar antígenos particulados (eritrocitos parasitados, parásitos desnudos, fragmentos de parásitos) o solubles, pegados a una matriz de plástico. El resto del proceso es similar a inmunofluorescencia, el suero problema se pone en contacto con el antígeno, los anticuerpos específicos se pegan al antígeno y este complejo se detecta usando un segundo anticuerpo marcado, en este caso con una enzima. FI revelado se hace con un substrato, sobre el cual la enzima actúa, desarrollando un color como efecto de la reacción. Ambas pruebas son equiparables en cuanto a su sensibilidad y especificidad, dan reacción cruzada con sífilis y babesiosis. Detectan antígenos de la especie homóloga a títulos mayores que las heterólogas. Se dan casos de resultados negativos en sujetos con parásitos demostrables en sangre. Estas pruebas son herramientas muy útiles en estudios epidemiológicos para vigilar el control de la malaria en las comunidades. La prevalencia de títulos de anticuerpos en una comunidad, puede indicar la presencia o interrupción de la transmisión y por lo tanto el éxito o el fracaso de medidas antimaláricas a largo plazo.
     El diagnóstico diferencial más difícil de determinar es el de malaria-babesiosis, porque clínica serológica, parasitológica y epidemiológica comparten muchas características.
     Otra alternativa de diagnóstico, que no ha tenido mucho impacto en la práctica es la prueba de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) que amplifica moléculas de DNA de los plasmodios presentes en la sangre de los pacientes, a través de iniciadores específicos para cada especie. Esta prueba determina la presencia del parásito a través de la presencia de su DNA y tiene un alto grado de especificidad, y su sensibilidad es mayor a la de un frote sanguíneo, que detecta un eritrocito infectado entre un millón de eritrocitos sanos, si el estudio es hecho por un experto. La ventaja de éste procedimiento, y ELISA, es que se pueden procesar cientos de muestras al mismo tiempo, aumentando enormemente la eficiencia cuando de maneja gran numero de muestras.
Tx
Existe una gran variedad de medicamentos útiles para el tratamiento específico de la malaria, de los cuales se comentarán sólo los principales. Estas drogas suelen clasificarse de acuerdo con la fase  de desarrollo del parásito sobre el que actúan. Los esquizonticidas son drogas que actúan cobre equizontes de ciclo eritrocítico, y también son conocidas como drogas supresivas, por su efecto supresor de los síntomas. Los gametocitocidas actúan sobre gametocitos de ciclo eritrocítico. Los esquizonticidas tisulares actúan sobre forma de desarrollo hepático, pero aquí hay que distinguir entre las drogas que actúan sobre esquizontes en desarrollo, que son llamadas profilácticas causales, y las que actúan sobre hipnozoítos, que se llaman antirrecaída, estas últimas, que son de aplicación exclusiva en infecciones por P. vivax y P. ovale, son conocidas también como drogas curativas, porque evitan las recaídas. Las esporonticidas actúan sobre formas de desarrollo esporogónico, cuando la droga está presente en la sangre infectada que succiona el mosquito. No existen drogas esporozoitocidas.
Esquizonticidas sanguíneos
     La quinina es la más antigua de las drogas de este grupo, es un alcaloide de la cinchona con rápida acción contra formas asexuales de todas las especies y contra gametocitos de P. malariae y P. vivax, pero no contra los de P. falciparum. Es una droga que cayó en desuso con el advenimiento de los antimaláricos de síntesis; sin embargo, con el surgimiento de cepas de P. falciparum resistentes a la cloroquina, vuelve a ser de actualidad. Es usada principalmente en infecciones causadas por parásitos resistentes a cloroquina y amodiaquina. En adultos se indica una dosis de 2 a 3 tabletas diarias que contengan 650 mg de sulfato o clorhidrato de quinina por día, por 10 a 14 días. En casos graves está indicado el uso de quinina en solución de aplicación endovenosa (clorhidrato o sulfato inyectable 60 mg/ml), administrando preferiblemente por goteo, 650 mg repetidos dos o máximo tres veces en 24 horas, restaurando la vía oral tan pronto como sea posible.
     La cloroquina es el esquizonticida sanguíneo de uso más difundido, es un antimalárico de síntesis, químicamente una 4-amino-quinolina de acción rápida contra formas sexuales sanguíneas, al igual que la quinina es activa contra gametocitos de P. malariae y P. vivax; es la droga más confiable. Suprime los síntomas de la malaria en 24 a 46 h si la cepa es sensible. Se administra en dosis de 600 mg de sal (fosfato o sulfato) base al iniciar el tratamiento, seguido de 300 mg/día durante los siguientes 2 a 4 días durante los siguientes 2 a 4 días. Las tabletas se presentan con 100, 150 y 300 g de la base. Para casos graves existe un preparado en solución salina pasada gota a gota por vía IV; las aplicaciones parenterales son peligrosas en niños pequeños.
     La amodiaquina es una 4-aminoquinolina muy similar a la cloroquina e igualmente confiable, se administra a una dosis total, para adultos, de 1400 a 2000 mg repartidos en 3 a 5 días. No existen preparados parenterales de esta droga. La mefloquina es una quinolina metanólica de síntesis, con acción rápida contra formas asexuales eritrocíticas. Su uso está restringido para aquellas áreas que tienen cepas de P. falciparum resistentes a la cloroquina, se usa en dosis única de 1.5 g después de un tratamiento corto con quinina.
     La artemisinina y sus derivados, sesquiterpenolactonas extraídas de la planta. Artemisia annua, son los compuestos antimaláricos de mas reciente introducción. Actúa contra formas asexuales de todas las especies. Su uso generalizado está confinado al Asia y algunas partes de África, su uso en América ha sido muy restringido, en el Brasil y otros países sudamericanos.
Esquizonticidas tisulares
     La primaquina es un antimalárico de síntesis, químicamente una 8-aminoquinolina con acción contra formas tisulares en desarrollo  e hipnozoítos del hígado, no tiene acción sobre formas asexuales en sangre, a dosis no toxicas, pero es muy activo contra gametocitos de todas, las especies, particularmente de P. falciparum. Es muy  activa también contra formas esporogónicas en desarrollo en el mosquito (acción esporontocida). Es la droga de más amplio uso para la cura radical de infecciones causadas por especies que provocan recaídas (P. vivax, P. ovale). Se administra a dosis de 15 mg de la sal base (difosfato) por día por 14 días, para adultos. Se presenta como tabletas de 5 o 7.5 mg de la sal base. Se administra inmediatamente después de completado el tratamiento con esquizonticidas sanguíneos. Es un medicamento que puede causar hemólisis  en sujetos con deficiencia de glucosa 6-fosfato deshidrogenasa, muy común en individuos de raza negra.
Resistencia. El fenómeno se observo por primera vez en el Sureste Asiático, en Tailandia y Kampuchea en 1957 y en 1960 se reporto en el rio Magdalena en Colombia. En ambos casos la resistencia se presento solo en cepas de P. falciparum contra la cloroquina. En la actualidad la resistencia se ha difundido a todo el mundo, con excepción de México y Centroamérica. Parece existir una relación directa entre el uso de cloroquina en tratamientos masivos y la aparición de resistencia. La mefloquina considerada la droga salvadora de las zonas de resistencia, produce resistencia por sí misma, además de mostrar resistencia cruzada con quinina. El hallazgo de que sustancias antagónicas del calcio como la clorpromazina y el verapamil entre otras, potencian la acción de la cloroquina y la quinina contra cepas de P. falciparum resistentes, in vitro, y revierten la resistencia de los parásitos, parecía poner fin al problema de resistencia, sin embargo, los ensayos clínicos indican que a dosis no toxicas su utilidad es muy reducida.
     Otra amenaza, recientemente descubierta, es la resistencia a la cloroquina de P. vivax que ha surgido en el Sureste Asiático y la India, y cuyas proporciones, a nivel mundial, son hasta el momento desconocidas.
     Además del uso de la quimioterapia, en malaria, deben usarse otros procedimientos terapéuticos cuando estén indicados, por ejemplo, el uso de la exanguinotransfusión en casos graves de malaria cerebral por P. falciparum, en los que se pueda demostrar parasitemias muy elevadas, en conjunto con la quimioterapia, suele salvar a enfermos con pronóstico reservado.
Prevención
Todas las medidas empleadas en prevenir infecciones naturales por plasmodios, están enfocadas a evitar que las personas sean picadas por los mosquitos transmisores, o bien si lo anterior no es posible o practico, evitar que los parásitos inoculados por los mosquitos se establezcan, o evitar que los parásitos desarrollen en los mosquitos. En el primer caso, se puede evitar que los mosquitos piquen en grandes cantidades, controlando las poblaciones de larvas e imagos de mosquitos. De estas dos, como medida permanente, debe preferirse el control de larvas.
     Controlar larvas significa reducir numero de criaderos disponibles, rellenando o drenando cuerpos de agua en la vecindad de las poblaciones, o si es posible o practico, destruirlas en su propio criadero. Mientras más especifico sea el procedimiento, cuanto mejor. Empieza a revivirse con éxito. El uso de peces larvífagos que pueden reducir hasta en un 90% la población de larvas en los criaderos. Es recomendable que los peces sean de especies locales. Falta mayor experiencia y afinación de los métodos de control de larvas por medio de Bacillus thuringiensis y Bacillus sphericus para generalizar su uso, pero permanecen como buenos candidatos. En algunas partes de América se han introducido las larvas de Romanomermix culicivorax, un nematodo que mata larvas de mosquito al desarrollarse dentro de ellos. Finalmente, se continúa con el uso de insecticidas en cuerpos de agua, principalmente carbamatos, aunque en algunas regiones se sigue usando DDT para este propósito, práctica que no es recomendable.
     El ataque a los mosquitos adultos se constituyo por muchos años como el método único o principal para operar las campañas de erradicación en el mundo. En la actualidad aunque estas campañas han desaparecido, el ataque de imagos sigue siendo una práctica primaria para los programas nacionales de control. Debemos mencionar que el uso de imagocidas se vuelve innecesario si el control larvario es exitoso. Por el supuesto de que la transmisión de la malaria ocurre en el interior de las casas, y de que los mosquitos reposan en las paredes de la vivienda después de alimentarse, se asumió que la transmisión se cortaría aplicando imagocidas residuales en la superficie de las paredes. Esta práctica, fundamental para las campañas de erradicación, es todavía de uso generalizado para controlar imagos, aunque actualmente se agregan a esta las nebulizaciones de insecticidas en los peridomicilios y en la vegetación circundante para atacar imagos en sus sitios de reposo. El DDT ha sido y sigue siendo el insecticida más utilizado en programas antimaláricos, aunque actualmente se usan junto con este otros insecticidas del grupo de los organofosforados, carbamatos y piretroides.
     El uso de estos insecticidas por muchos años en las campañas de control de malaria, paralelamente a su uso masivo para el control de plagas agrícolas, ha propiciado la aparición de mosquitos resistentes a su acción. En México las principales especies transmisoras de anofelinos son resistentes a la acción del DDT, pero aun así el DDT sigue en uso. En algunos países centroamericanos los mosquitos transmisores son multirresistentes a hidrocarburos clorados, organofosforados y carbamatos. Los piretroides por desgracia dan resistencia cruzada con hidrocarburos clorados, tipo DDT, HCH.
     La investigación de entomólogos, biólogos moleculares e ingenieros genéticos, trabajan en el desarrollo de mosquitos anofelinos transgénicos refractarios a la infección de los plasmodios, con la esperanza de encontrar la manera de liberarlos y sustituir las poblaciones transmisoras por sus especies genéticamente manipuladas.
     Para evitar que individuos que incursionan temporalmente en las zonas endémicas de malaria se infecten, se pueden usar tratamientos profilácticos. El proguanil y la primetamina, son profilácticos causales, es decir, inhiben el desarrollo  de los esquizontes hepáticos generados por los esporozoítos. El proguanil se administra a razón de una tableta de 25 mg cada semana, mientras estén en zona de riesgo. Estas drogas no se usan para tratamiento de malaria aguda, porque su acción sobre formas asexuales es muy lenta. Ambas drogas pueden producir resistencia en algunas áreas. La cloroquina puede usarse también como droga profiláctica en zonas endémicas de malaria por P. falciparum; esta droga es profiláctica y curativa en esta especie, porque actúa sobre las formas asexuales que generan los esquizontes hepáticos, cuando invaden los eritrocitos, acabando con la infección antes de que los parásitos se establezcan en sangre, por otro lado, como P. falciparum no desarrolla hipnozoítos, la infección desaparece completamente y la curación es total. Como profiláctico se usa a dosis de una a dos tabletas de 150 mg base, cada semana, prolongando el tratamiento hasta dos semanas después de retirarse de las áreas de transmisión. Su administración está sujeta a reconocer las áreas endémicas que tiene cepas de P. falciparum resistentes a esta droga. La opción de bloquear el desarrollo  de las formas esporogónicas en el mosquito por medio de drogas esporontocidas, no es de uso práctico hasta el momento.
     Otra posibilidad de protección personal puede ser de uso de repelentes, de entre los cuales el más efectivo para repeler anofelinos es el DBF (dibutilfalato) con acción protectora hasta de 4 h. el uso de pabellones para dormir, medida que en la actualidad es aplicada en forma masiva, impregnándolos con insecticidas piretroides. El uso de mallas de alambre en puertas y ventanas de las casas para evitar la entrada de los mosquitos.
     A nivel hospitalario de bancos de sangre, la malaria transfusional puede evitarse, regulando la donación. De preferencia no usar sangre de individuos con historia de malaria o residentes de áreas maláricas. Si hay dificultad para conseguir este tipo de donadores, se puede usar sangre de residente de área malárica sin antecedentes clínicos de malaria. En casos extremos de urgencia podría usarse sangre de donadores con antecedentes últimos de malaria ubicados a mas de 5 años de distancia, considerando el peligro de producir una infección por P. malariae. Cuando la sangre por transfundir es de alto riesgo, la aplicación de 600 mg de cloroquina base 24 h antes de la transfusión o al momento de esta, aborta la infección por estos parásitos. Un problema más difícil de resolver es controlar el uso compartido de jeringas entre drogadictos, para evitar la transferencia de plasmodios entre ellos. En los últimos años se vio un gran intento de vacunación contra la malaria, usando una vacuna sintética llamada SPF66, diseñada y producida en Colombia por el Dr. Manuel Patarroyo. Los amplios ensayos realizados en Sudamérica, sin embargo, han sido muy controvertidos y hay observaciones en la misma Colombia que indican que SPF66, es una vacuna muy poco antigénica. El auge de la biología molecular y la ingeniería genética ha traído el desarrollo de un nuevo prototipo de vacuna, la vacuna DNA. Sin embargo, los estudios de genética de poblaciones de plasmodios en hábitats aislados, en la naturaleza, indican que cada individuo porta plasmodios genéticamente distingos, como si los plasmodios tomasen la individualidad genética de sus propios huéspedes. Hay razón para pensar que las vacunas para prevenir la malaria, siguen siendo solo un prospecto a futuro.



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